Desde la última actualización la verdad que todo ha ido sobre ruedas: pisamos el López, quedándonos con las ganas de actuar en Madrid pero con un gran sabor de boca por todo el trabajo realizado; los exámenes vinieron uno a uno, quemándo y eliminando una a una mis neuronas pero con bastante éxito tras un largo mes; las vacaciones llegaron y con ellas las noches en la calle, el calor, el pintauñas azul y Benalmádena.
Y ahora es cuando me toca ponerme melancólica, pero intento recordar con una gran sonrisa todos los momentos de esos días, a la vez que los añoro. Como nos lucimos al equivocarnos de hotel, las cagadas varias que tuvimos durante esos días, el "esto es por lo del azúcar, no?", las mañanas de playa y toallas al sol, y las tardes de playa y pipas.
La visita anual a Málaga con sus respectivos pies quemados, las siestas a horas "normales" y las poquitas horas de sueño en el cuerpo.
Las noches empezaban con aquellas cenas en la terraza escuchando a nuestro vecino tan peculiar, a las que seguían el inicio de la fiesta diaria (con el pintalabios rojo como fiel aliado) en nuestro ático solarium privado individual, para continuar con nuestra ruta por Puerto Marina con aquellos relaciones públicas que te arrastraban hasta sus respectivas discotecas mientras que les intentabas sacar alguna que otra copa y culminando por la vuelta a casa viendo el amanecer por la playa. Teniendo en cuenta también, como las pipas nos amenizaban nuestros programa "favoritos" de television a las 2 de la mañana antes de salir de fiesta.









